Neruda e seus cantos de amor à URSS


Pablo Neruda, poeta chileno, que também foi do Partido Comunista do Chile, que pôs sua poesia a serviço dos povos do mundo e da revolução, registrou em sua arte momentos célebres da luta dos soviéticos contra a besta nazista. Afirmou inclusive, anos depois do fim da guerra que "se a URSS não tivesse dado o seu sangue, sua inteligência, sua coragem desesperada e sua firmeza inesgotável para terminar com o império nazista, a independência dos países latinoamericanos seria agora um sonho do passado". Deixamos aqui alguns dos seus poemas que homenageiam e eternizam a defesa da humanidade levada a cabo pelos povos da URSS: Canto al Ejército Rojo a su llegada a las puertas de Prusia Este es el canto entre la noche y el alba, éste es el canto salido desde los últimos estertores como desde el cuero golpeado de un tambor sangriento, brotado de las primeras alegrías parecidas a la rama florida en la nieve y al rayo del sol sobre la rama florida. Éstas son las palabras que empuñaron lo agònico, y que sílaba a sílaba estrujaron las lágrimas como ropa manchada hasta secar las últimas humedades amargas del sollozo, y hacer de todo el llanto la trenza endurecida, la cuerda, el hilo duro que sostenga la aurora. Hermanos, hoy podemos decir: el alba viene, ya podemos golpear la mesa con el puño que sostuvo hasta ayer nuestra frente con lágrimas. Ya podemos mirar la torre cristalina de nuestra poderosa cordillera nevada porque en el alto orgullo de sus alas de nieve brilla el fulgor severo de una nieve lejana donde están enterradas las garras invasoras. El Ejército Rojo en las puertas de Prusia. Oíd, oíd! oscuros, humillados, héroes radiantes de corona caída, oíd, aldeas deshechas y taladas y rotas, oíd, campos de Ucrania donde la espiga puede renacer con orgullo, oíd, martirizados, ahorcados, oíd, guerrilleros muertos tiesos bajo la escarcha con las manos que muerden todavía el .fusil, oíd, muchachas, niños desamparados, oíd, cenizas sagradas de Pushkin y Tolstòi, de Pedro y Suvorov, oíd, en esta altura meridiana el sonido que en las puertas de Prusia golpea como un trueno, El Ejército Rojo en las puertas de Prusia. Dònde están los encolerizados asesinos, los cavadores de tumbas, dònde están los que del abeto colgaron a las madres, dònde están los tigres con olor a exterminio? Están detrás de los muros de su propia casa temblando, esperando el relámpago del castigo, y cuando todos los muros caigan verán llegar al abeto y a la virgen, al guerrillero y al niño, verán llegar a los muertos y a los vivos para. juzgarlos. Oíd, checoslovacos, preparad las tenazas más duras y las horcas, y las cenizas de Lídice para que sean tragadas por el verdugo mañana: oíd, impacientes trabajadores de Francia, preparad vuestros ríos inmortales para que naveguen en ellos los invasores ahogados. Preparad, la venganza, españoles, detrás de la sierra y junto a la costa del sur ardiente limpiad la pequeña carabina oxidada porque ha llegado el día. Éste es el canto del día que nace y de la noche que termina. Oídlo bien, y que del sufrimiento endurecido salga la voz segura que no perdone, y que no tiemble el brazo que castigue. Antes de empezar mañana las cantigas de la piedad humana tenéis tiempo aún de conocer las tierras empapadas de martirio. No levantéis mañana la bandera del perdòn sobre los malditos hijos del lobo y hermanos de la serpiente, sobre los que llegaron hasta el último filo del cuchillo y arrasaron la rosa. Este es el canto de la primavera escondida bajo las tierras de Rusia, bajo las extensiones de la taiga y la nieve, ésta es la palabra que sube hasta la gargarita desde la raíz enterrada, Desde la raíz cubierta por tanta angustia, desde el tallo quebrado por el invierno más amargo de la tierra, por el invierno de la sangre en la tierra. Pero las cosas pasan, y desde el fondo de la tierra la nueva primavera camina. Mirad los cañones que florecen en la boca de Prusia. Mirad las ametralladoras y los tanques que desembarcan en esta hora en Marsella. Escuchad el corazòn áspero de Yugoslavia palpitando otra vez en el pecho desangrado de Europa. Los ojos españoles miran hacia acá, hacia México y Chile, porque esperan el regreso de sus hermanos errantes. Algo pasa en el mundo, como un soplo que antes no sentíamos entre las olas de la pòlvora. Éste es el canto de lo que pasa y de lo que será. Este es el canto de la lluvia que cayò sobre el campo como una inmensa lágrima de sangre y plomo. Hoy que el Ejército Rojo golpea las puertas de Prusia he querido cantar para vosotros, para toda la tierra, este canto de palabras oscuras, para que seamos dignos de la luz que llega. * * * Canto a Stalingrado En la noche él labriego duerme, despierta y hunde su mano en las tinieblas preguntando a la aurora: alba, sol de mañana, luz del día que viene, dime si aún las manos más puras de los hombres defienden el castillo del honor, dime, aurora, si el acero en tu frente rompe su poderío, si el hombre está en su sitio, si el trueno está en su sitio, dime, dice el labriego, si no escucha la tierra còmo cae la sangre de los enrojecidos héroes, en la grandeza de la noche terrestre, dime si sobre el árbol todavía está el cielo, dime si aún la pòlvora suena en Stalingrado. Y el marinero en medio del mar terrible mira buscando entre las húmedas constelaciones una, la roja estrella de la ciudad ardiente, y halla en su corazòn esa estrella que quema, esa estrella de orgullo quieren tocar sus manos, esa estrella de llanto la construyen sus ojos. Ciudad, estrella roja, dicen el mar y el hombre, ciudad, cierra tus rayos, cierra tus puertas duras, cierra, ciudad, tu ilustre laurel ensangrentado, y que la noche tiemble con el brillo sombrío de tus ojos detrás de un planeta de espadas. Y el español recuerda Madrid y dice: hermana, resiste, capital de la gloria, resiste: del suelo se alza toda la sangre derramada de España, y por España se levanta de nuevo, y el español pregunta junto al muro de los fusilamientos, si Stalingrado vive: y hay en la cárcel una cadena de ojos negros que horadan las paredes con tu nombre, y España se sacude con tu sangre y tus muertos, porque tú le tendiste, Stalingrado, el alma cuando España paría héroes como los tuyos. Ella conoce la soledad, España, como hoy, Stalingrado, tú conoces la tuya. España desgarrò la tierra con sus uñas cuando París estaba más bonita que nunca. España desangraba su inmenso árbol de sangre cuando Londres peinaba, como nos cuenta Pedro Garfias, su césped y sus lagos de cisnes. Hoy ya conoces eso, recia virgen, hoy ya conoces, Rusia, la soledad y el frío. Cuando miles de obuses tu corazòn destrozan, cuando los escorpiones con crimen y veneno, Stalingrado, acuden a morder tus entrañas, Nueva York baila, Londres medita, y yo digo "merde", porque mi corazòn no puede más y nuestros corazones no pueden más, no pueden en un mundo que deja morir solos sus héroes. Los dejáis solos? Ya vendrán por vosotros! Los dejáis solos? Queréis que la vida huya a la tumba, y la sonrisa de los hombres sea borrada por la letrina y el calvario? Por qué no respondéis? Queréis más muertos en el frente del Este hasta que llenen totalmente el cielo vuestro? Pero entonces no os va a quedar sino el infierno. El mundo está cansándose de pequeñas hazañas, de que en Madagascar los generales maten con heroísmo cincuenta y cinco monos. El mundo está cansado de otoñales reuniones presididas aún por un paraguas. Ciudad, Stalingrado, no podemos llegar a tus murallas, estamos lejos. Somos los mexicanos, somos los araucanos, somos los patagones, somos los guaraníes, somos los uruguayos, somos los chilenos, somos millones de hombres. Ya tenemos por suerte deudos en la familia, pero aún no llegamos a. defenderte, madre. Ciudad, ciudad de fuego, resiste hasta que un día lleguemos, indios náufragos, a tocar tus murallas con un beso de hijos que esperaban llegar. Stalingrado, aún no hay Segundo Frente, pero no caerás aunque el hierro y el fuego te muerdan día y noche. Aunque mueras, no mueres! Porque los hombres ya no tienen muerte y tienen que seguir luchando desde el sitio en que caen hasta que la victoria no esté sino en tus manos aunque estén fatigadas y horadadas y muertas, porque otras manos rojas, cuando las vuestras caigan, sembrarán por el mundo los huesos de tus héroes para que tu semilla llene toda la tierra. * * *

Nuevo canto de amor a Stalingrado Yo escribí sobre el tiempo y sobre el agua, describí el luto y su metal morado, yo escribí sobre el cielo y la manzana, ahora escribo sobre Stalingrado. Ya la novia guardò con su pañuelo el rayo de mi amor enamorado, ahora mi corazòn está en el suelo, en el humo y la luz de Stalingrado. Yo toqué con mis manos la camisa del crepúsculo azul y derrotado: ahora toco el alba de la vida naciendo con el sol de Stalingrado. Yo sé que el viejo joven transitorio de pluma, como un cisne encuadernado, desencuaderna su dolor notorio por mi grito de amor a Stalingrado. Yo pongo el alma mía donde quiero. Y no me nutro de papel cansado, adobado de tinta y de tintero. Nací para cantar a Stalingrado. Mi voz estuvo con tus grandes muertos contra tus propios muros machacados, mí voz sonò como campana y viento mirándote morir, Stalingrado. Ahora americanos combatientes blancos y oscuros como los granados, matan en el desierto a la serpiente. Ya no estás sola, Stalingrado. Francia vuelve a las viejas barricadas con pabellòn de furia enarbolado sobre las lágrimas recién secadas. Ya no estás sola, Stalingrado. Y los grandes leones de Inglaterra volando sobre el mar huracanado clavan las garras en la parda tierra. Ya no estás sola, Stalingrado. Hoy bajo tus montañas de escarmiento no sòlo están los tuyos enterrados: temblando está la carne de los muertos que tocaron tu frente, Stalingrado. Deshechas van las invasoras manos, triturados los ojos del soldado, están llenos de sangre los zapatos que pisaron tu puerta, Stalingrado. Tu acero azul de orgullo construido, tu pelo de planetas coronados, tu baluarte de panes divididos, tu frontera sombría, Stalingrado. Tu Patria de martillos y laureles, la sangre sobre tu esplendor nevado, la mirada de Stalin a la nieve tejida con tu sangre, Stalingrado. Las condecoraciones que tus muertos han puesto sobre el pecho traspasado de la tierra, y el estremecimiento de la muerte y la vida, Stalingrado. La sal profunda que de nuevo traes al corazòn del hombre acongojado con la rama de rojos capitanes salidos de tu sangre, Stalingrado. La esperanza que rompe en los jardines como la flor del árbol esperado, la página grabada de fusiles, las letras de la luz, Stalingrado. La torre que concibes en la altura, los altares de piedra ensangrentados, los defensores de tu edad madura, los hijos de tu piel, Stalingrado. Las águilas ardientes de tus piedras, los metales por tu alma amamantados, los adioses de lágrimas inmensas y las olas de amor, Stalingrado. Los huesos de asesinos malheridos, los invasores párpados cerrados, y los conquistadores fugitivos detrás de tu centella, Stalingrado. Los que humillaron la curva del Arco y las aguas del Sena han taladrado con el consentimiento del esclavo, se detuvieron en Stalingrado. Los que Praga la Bella sobre lágrimas, sobre lo enmudecido y traicionado, pasaron pisoteando sus heridas, murieron en Stalingrado. Los que en la gruta griega han escupido, la estalactita de cristal truncado y su clásico azul enrarecido, ahora dònde están, Stalingrado? Los que España quemaron y rompieron dejando el corazòn encadenado de esa madre de encinos y guerreros, se pudren a tus pies, Stalingrado. Los que en Holanda, tulipanes y agua salpicaron de lodo ensangrentado y esparcieron el látigo y la espada, ahora duermen en Stalingrado. Los que en la noche blanca de Noruega con un aullido de chacal soltado quemaron esa helada primavera, enmudecieron en Stalingrado. Honor a ti por lo que el aire trae, lo que se ha de cantar y lo cantado, honor para tus madres y tus hijos y tus nietos, Stalingrado. Honor al combatiente de la bruma, honor al comisario y al soldado, honor al cielo detrás de tu luna, honor al sol de Stalingrado. Guárdame un trozo de violenta espuma, guárdame un rifle, guárdame un arado, y que lo pongan en mi sepultura con una espiga roja de tu estado, para que sepan, si hay alguna duda, que he muerto amándote y que me has amado, y si no he combatido en tu cintura dejo en tu honor esta granada oscura, este canto de amor a Stalingrado.

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